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miércoles, 17 de octubre de 2012

poemas del polígono industrial (1). Antonio Rigo



























Lunes cambio de aceite
Martes reapriete de culata
Miércoles esmerilar válvulas
Jueves inyectores y bomba de inyección
Viernes grupo diferencial y recogida de algodones
Sábado de gloria y
Domingo de resurrección



Naturaleza

Los restos de fango que dejan
-cuando ha llovido o llueve-
los neumáticos de los camiones
sobre el piso del taller
lo más cerca que estoy
-algunas veces y oscuro-
de la naturaleza.



Antonio Rigo. Masticando adelfa. Obra reunida 1991-2011. Ediciones La Baragaña. Palma de Mallorca. 2012

domingo, 14 de octubre de 2012

dos poemas de Humberto Ak'Abal





















RECUERDO

De vez en cuando camino al revés:
es mi modo de recordar.

Si caminara sólo hacia adelante,
te podría contar
cómo es el olvido.



DOS LÁGRIMAS

Cuando nací
me pusieron dos lágrimas
en los ojos
para que pudiera ver
el tamaño del dolor de mi gente*.




http://www.angelfire.com/stars2/musica/akabal.htm


*Humberto Ak'Abal nació en Guatemala y pertenece a la etnia Maya K'iche




sábado, 13 de octubre de 2012

virus de la escritura. Kamran Mir Hazar


















1.

Los virus de la escritura
Y los laberintos electrónicos
Con apagones y sin computador
En una casa rentada, a siete mil por mes;
Kabul, la capital afgana
¿Qué tonto poema es éste? 
Te preguntas ¿son poesía las palabras solitarias que vagan por corredores electrónicos,
Cercenadas de su existencia,
Arrojadas lejos, sin ninguna alternativa excepto la de convertirse en poema?
Miras a la imaginación vagando a través de senderos, por senderos
Tiras la correa sobre otra palabra todavía,
Tratando de dominar a esa salvaje,
Y si fracasas,
Dejas de funcionar,
Como un computador colapsado.


2.

Había alguien, alguien que escribía virus
Detrás de un computador portátil de energía diesel Buscando URLs 
Un correo anónimo se enviaría
Para conectarte a un sitio infectado;
“Soy de Florida, Estados Unidos, tengo 23 años de edad,
Busco a alguien que siga el link y sea feliz”;
¿Abrir el correo y hacer feliz a alguien?
Primero, detén los programas;
Pasando por seguridad, escribiendo 97, 98, 99,
Haciendo próxima la muerte del romance entre cero y uno.

Un escritor de virus bebió media botella de cerveza de un solo trago;
Luego, mueren computadores;
Primero al este de París, una casa,
Australia, tres minutos después,
Un hombre espera los últimos minutos afuera de una oficina de cambio
Necesita llegar a casa;
Una fiesta va a comenzar en media hora;
Filipinas, minutos más tarde,
Una chica de 19 años En una sala de chat,
Exhibe un cuerpo usado;
En Egipto, más o menos al mismo tiempo, 
Y a la mañana siguiente, Kabul.


3.

Usted, y usted, también usted,
Sí, usted y usted también,
¡Todos están arrestados!


4.

Me dicen, ¡para de escribir!
Escribe y te mostraremos a Guantánamo en casa,
Escribe y te mataremos. Kabul, verano 2007
Manos esposadas, pies atados;
Éste es Afganistán, y éste de aquí adonde va a llegar,
Cadáveres sobre cadáveres.
El poema no tiene alternativa sino dejar de escribirse a sí mismo.
Ésta es la prisión.


5.

Le preguntaron a un gorrión de Kabul
¿En resumen, qué trama la humanidad?
El gorrión meditó sobre esto y ¡se murió!



http://www.festivaldepoesiademedellin.org/


jueves, 11 de octubre de 2012




















Cumplo 51 años,
abro la ventana y
respiro el árbol
abro la ventana y
beso la flor. Nada.
No sucede nada.
Hay un no sé qué
extraño, preciso e
implacable ¿La muerte?
¿El amor? ¿Un poema?



Antonio Rigo. masticando adelfa. OBRA REUNIDA 1991-2011. Ediciones La Baragaña. Palma de Mallorca. 2012


miércoles, 10 de octubre de 2012

el loco. Yannis Ritsos







El carro, parado frente al mar,
cargado de seis barriles de hierro, rojos,
y otro más de un estupendo verde.
                         El caballo
pacía en el prado. El cochero
bebía en la taberna.

                 El loco de la isla
se detuvo en el muelle, y gritó:
"¡­Con este verde os venceré!"
Y señaló el último barril, sin tener ni idea
de su contenido o de quién fuera. 



http://www.festivaldepoesiademedellin.org/

jueves, 4 de octubre de 2012

               



  












CV


Cuando ella aún vivía,
Salíamos, cogidos del brazo,
Y contemplábamos los olmos
Que crecían en el terraplén
Delante de nuestra casa.
Sus ramas estaban entrelazadas.
Sus copas rebosaban de hojas
Primaverales, como nuestro amor.
El amor y la confianza no bastaron
Para invertir la marcha de
Las ruedas de la vida y la muerte.
Se esfumó como un espejismo.
Una mañana se fue, como un pájaro,
Entre los blancos lienzos de la muerte.
Ahora, cuando el niño que dejó
Como recuerdo la llama llorando,
Lo único que puedo hacer es
Cogerlo y abrazarlo torpemente.
Nada puedo hacer para remediarlo.
En nuestra alcoba las almohadas
Siguen una junto a la otra,
Como en tiempos yacíamos nosotros.
Me quedo ahí sentado y dejo
Que los días pasen hasta obscurecer.
De noche permanezco despierto
Y suspirando hasta el amanecer.
Sé que, por mucho que la llore,
Nunca jamás volveré a verla.
Me dicen que su espíritu podría
Merodear por el monte Hagai
Bajo las alas de las águilas.
Avanzo a duras penas por
Sus faldas y subo hasta la cumbre
Sin olvidar ni por un instante
Que nunca volveré a verla,
Ni aun cual leve temblor en el aire.
Toda mi añoranza y todo mi amor
Nunca lograrán hacerlo posible.


                                         
                                          HITOMARO



Kenneth Rexroth, Cien poemas japoneses. Gadir. Madrid. 2007