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domingo, 16 de diciembre de 2012

Jamestown revisitado. Karenne Wood



























A la manera de Wendy Rose. 
(Al ser invitada a una reunión en el sitio de la Colonia de Jamestown, donde la gente 
de la iglesia  deseaba disculparse con los indígenas de Virginia por todo lo sucedido desde 1607). 



Aquí vienen de nuevo,
inquiriendo. Advierten
que nada tenemos
para dar, hemos dado
como la tierra, nuestras
montañas asoladas
con negros venenos híbridos
elaborados de tabaco.

Ustedes nos disponen en su
plataforma como esculturas.
Podrían arrepentirse ante nosotros,
llorar entre sus ropas por algo
como un emotivo programa
de debate, para absolverse casi
cuatrocientos años, y después
regresar a casa a cortar el césped.

Ustedes no son quienes
quemaron nuestros cultivos de maíz
nos dieron cobijas infectadas
politiquearon, robaron, violaron o
intercambiaron ron. Ustedes no son
los que preguntan cómo puedo ayudar,
los que ofrecen su trabajo a los indígenas,
o incluso votan por salvar el planeta.

Nosotros no somos quienes
perdieron a sus hijos congelados en el río,
cuyas madres cargaban balas
cuyos padres dejaron corazones
en este suelo. No fue sobre nosotros
que se dijo, no tienen 
ni los derechos de los perros 

Nosotros somos palabras
de lenguas que nadie se atrevió a hablar. Somos
sin nombre, nombrados por otros;
mulatos y mestizos
de Virginia. Somos piedras blancas
y pedazos de hueso, alfarería
sumergida en rojo barro, vidrio negro

como puntas de lanza encontradas aquí,
obsidianas extraídas entre las tribus
que vivieron miles de kilómetros al
oeste. Somos refranes de nuestros
abuelos, canciones que flotan en
el viento nocturno con nuestros sueños.

Ahora ustedes nos llaman remanentes:
lo que queda de una tela
cuando la mayor parte se gastó.
–Ustedes no tienen memoria–
nos desplomamos sobre
cicatrizadas rodillas y dijimos
que no había más que dar.

Ustedes preguntan de nuevo,
¿Aceptaremos sus disculpas?
Un viento del suroriente
les responde. Nuestras orejas
no son visibles. Los labios no son
visibles…
O, somos los huesos
de lo que ustedes olvidan, de lo que
ustedes pensaron eran sólo mentiras…

Sólo nuestros ojos miran alrededor.
Ojos tono tierra, ojos del
bosque, ojos de cumulonimbo, ojos
salpicados de oro, ojos
como la obsidiana, ojos que
ven directamente a través de ustedes.




http://www.festivaldepoesiademedellin.org



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