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domingo, 30 de mayo de 2010


MUJER LEYENDO

Cuando Noni surcaba la Ronda Crucero Baleares en su viejo ciclomotor, camino del trabajo, en verano, veía todos los días a una mujer leyendo sentada en una hamaca, a la sombra del toldo que cubría el porche de su casa.

Qué placer, se decía, estar sentada ahí, leyendo, frente a la bahía...

Al cabo de algún tiempo, Noni enfermó, y, tras vencer las suspicacias de algunos médicos e infinitos reconocimientos, análisis y papeleos, se jubiló. A Noni, como a tantísimas otras personas aquejadas de enfermedades irreversibles, le correspondía una ayuda establecida por decreto ley: la conocida Ley de Dependencia. Han transcurrido más de dos años desde que los trabajadores sociales revisaran su caso y le otorgaran un grado de dependencia, pero aún no ha recibido la compensación económica prometida por el gobierno. Es más, amparándose en la crisis, la administración ha decidido no pagar los atrasos, y ya hay quien teme que esta ayuda sea retirada definitivamente.

Sin embargo, a pesar de la enfermedad, de los médicos, de los políticos y de las penurias económicas, Noni vive ahora en una pequeña casa, cerca del mar, que tiene un hermoso y soleado jardín, y se sienta todas las mañanas a leer en una hamaca.

Nunca antes Noni se había sentido tan independiente.

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