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jueves, 22 de julio de 2010

DORIAN - La Playa bajo el asfalto - Bikini - Bcn









La playa sobre el asfalto


Ya es verano. Estás plantado en la puerta principal de acceso a la sala de espera, masticando chicle con sabor a sandía, mientras buscas algo de brisa fresca. Pero el aire está apático, como la tarde, y te consuelas pensando que mañana librarás e irás a la playa, ahora que el agua no es aún una ensalada de medusas y residuos, flotando en meados calientes. De vez en cuando miras el reloj. El tren tarda, y te impacientas: con la llegada de cada convoy estás una hora más cerca de escapar de la estación.

En uno de los bancos que rodean el recinto, entre trago y trago de vino en tetrabrik, el Legi y el Canijo mantienen una de esas machaconas charlas que parecen confirmar la teoría del Eterno Retorno. Ellos no tienen casa, la estación es su casa, y nunca van a la playa.

Por fin te decides a hacer una ronda, y, cuando pasas perezosamente al lado de ambos, al tiempo que una bocanada de aire caliente arrastra algunas hojas secas caídas de los plátanos, el Legi le dice al Canijo: Míralo, aquí está el encargado de mantener el orden.

Te detienes junto a ellos, y dices mirando con aburrimiento sus rostros achicharrados por el sol: Mantengo el orden porque tengo una familia que mantener. Y estallas una pompa de chicle.

Acto seguido les das la espalda a los dos tipos y continúas la ronda, mientras el Legi comenta a tus espaldas: ¡Vaya, sí señor!, ahora me has dejado sin palabras, segurata, ¿joder, qué más puedo decir? Es que es verdad, añade el Canijo, ha dicho una verdad como una casa: Porque tengo una familia que mantener, ¡qué bueno!

Estás satisfecho del efecto que ha causado tu respuesta en los borrachos; pero, sinceramente, Patri: si no tuvieras familia, ¿tendrías huevos a pasarte el día de banco en banco, buscando la sombra, a emborracharte con un mal vino sin ni siquiera una crema solar con la que cubrirte la cara?

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