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viernes, 10 de junio de 2011

el espejo. Tarkovsky (escena del viento)



Xisco, más conocido como Walking Dead, desde que se emitió en televisión la popular serie norteamericana así titulada, visita el baño de la estación cada 17 minutos, aproximadamente, sin faltar ni un solo día; y se pasa un buen rato mirándose en el espejo, retocándose el cabello y el rostro psoriásicos.
Me tenía intrigado tanto narcisismo, hasta que, hará un par de días, Walking me pidió algo que nos dejó perplejos al jefe de estación y a mí: Él llevaba un paraguas colgado de la muñeca porque parecía que iba a llover, y quiso que le atase el mango, así mismo, tal y como lo portaba: Para no perderlo, explicó.
A falta de una cuerda, le sujeté el paraguas con cinta adhesiva; bastaron tres o cuatro vueltas.
El gestor le dijo: Pero no podrás cubrirte si llueve…
Es que no quiero perderlo, remachó Walking con voz torpe, apenas inteligible debido a los efectos de los medicamentos siquiátricos que toma.
Al marcharse nuestro particular muerto viviente, estuve un rato observándome en el mismo espejo que él, hasta que entendí que, cada vez que se mira, probablemente comprueba que Xisco está aún ahí, que no se le ha desprendido.

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