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jueves, 3 de junio de 2010




QIBYA*

Balas

en la noche de luna llena

surcaron las colinas y los caminos.

Balas

chocaron contra los muros

y golpearon las puertas y las ventanas.

Iban dirigidas a los corazones y a las entrañas.

Balas

por detrás de las piedras,

a través de los desfiladeros,

por detrás de los sacos de arena.

Balas.

Se esparcen por las piedras arrayanes de sangre

y se pegan adornos de sangre en las paredes.

Balas

y gelignita

arrojan los cuerpos a las hienas.

Sembramos el trigo pero no lo recogimos,

regamos las vides pero no bebimos el vino.

En vano se bañó nuestra noche con la fragancia de los naranjos.

Nuestra sangre corre por la tierra roja

y sobre las piedras.

Buscad nuestras manos bajo los ejércitos de hormigas.

Cerrad las puertas,

apartaos de las ventanas,

ocultaos de la luna,

protegeos de la noche.

Pero las puertas son de madera

y las ventanas no se construyen para evitar

el aire, la luna,

la gelignita

y los colmillos de las hienas.

El corazón es de hierro pero

para las balas, la gelignita y los colmillos

es más débil que la madera.

Los brazos de Fátima rodean el cuerpo de Hasan:

una alberca de sangre,

y del padre de Hasan no queda

más que el qunbaz hecho jirones.

Buscadlos bajo las piedras

y juntad los brazos a los cuerpos.

Sembramos el trigo pero no lo recogimos,

regamos las vides pero no bebimos el vino.

En vano se bañó nuestra noche en la fragancia de los naranjos.

Nuestra sangre fluye por la tierra roja

y sobre las piedras.

Buscad nuestras manos bajo los ejércitos de hormigas.

Balas

golpean las piedras.

Gelignita.

La noche se desgarra

entre nuestros olivos y viñas.


Yabra Ibrahim Yabra

* QIBYA es un pueblo palestino de Cisjordania, cuyos habitantes fueron masacrados por tropas israelíes en la tarde del 14 de octubre de 1953.



LA NIÑA / EL GRITO

En la playa hay una niña, la niña tiene familia

Y la familia una casa.

La casa tiene dos ventanas y una puerta...

En el mar, un acorazado se divierte cazando a los que caminan

Por la playa: cuatro, cinco, siete

Caen sobre la arena. La niña se salva por poco,

Gracias a una mano de niebla,

Una mano no divina que la ayuda. Grita: ¡Padre!

¡Padre! Levántate, regresemos: el mar no es como nosotros.

El padre, amortajado sobre su sombra, a merced de lo invisible,

No responde.

Sangre en las palmeras, sangre en las nubes.

La lleva en volandas la voz más alta y más lejana de

La playa. Grita en la noche desierta.

No hay eco en el eco.

Convierte el grito eterno en noticia

Rápida que deja de ser noticia cuando

Los aviones regresan para bombardear una casa

Con dos ventanas y una puerta.

Ramala, agosto del 2006.


Mahmud Darwish


Estos dos poemas y los dos anteriores que publiqué en este blog han sido traducidos por María Luisa Prieto.

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