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miércoles, 27 de abril de 2011




Cuaderno de dibujo


a un niño nacido hoy


Esta es una nueva mañana perteneciente a un niño de escuela
que triste mira su infancia
contemplando en silencio el camino,
preguntándole por la belleza que cada día se evade de sus juguetes.

Me ve y entre nosotros se expande una lacrimosa sonrisa
- Ven, acércate, ven,
¿Fuiste tú quién creó la tierra en la oscuridad del primer amanecer?
- ¿Yo? dijo llorando.
- Ella nunca quiso nuestros juegos y lloramos delante suyo hasta que nos diera una risa.

- Hijo mío, no estés tan triste.
Si la tierra no acopla a tu fantasía, crea una nueva para nosotros.
Tus manos emanan el fuerte aroma de la arcilla primordial
y yo le ayudaré a tu ingenio a obrar
cámbiala sin mirar atrás,
cambia sus ríos, árboles, desiertos, misiles y bombas,
con tus propias manos la crearás.

Pero elige con cuidado sus escuelas, pájaros, jardines y sonrisas.
No temas a tu maestra de dibujo.
Ella se sorprenderá
y contenta te verá soplar tu mano
mientras ideas una fantasía para su pincel.

Lo que ahora te preocupa, es sólo cómo comenzar.
Despréndete de las angustias, suelta tus alas,
volarás como todas las mariposas
y échale el último vistazo a nuestras guerras.
Me verás luchando por tus ojos sostenidos en su sonrisa.
Carga todo el peso de la sangre en mi hombro
y espérame en la entrada al cuaderno de dibujo,
al principio de la siguiente página.



Dualidad


Para levantarse,
la tierra requiere mucho tiempo.
Duerme sobre mi herida.
Todo se despide involuntariamente.
(¿Por qué comienzo un poema retrocediendo?)
Hay dos hombres,
dos seres,
uno para la distancia,
el otro para la nada,
uno para todas las alegrías,
el otro para ser exterminado.
Vivo hasta el último grito.
A mi otra mitad,
tan semejante a mí,
la hago desaparecer.

Roma, 13/12/1999



Porque


Porque las estatuas de Roma pueden verte,
callan pero respiran,
todas son refugio para los que quieran volver.
Porque el exilio es un dolor que aprieta el corazón.
Los que mueren,
mueren callados.
Porque las mujeres son un sueño intocable,
los hombres se contentan asomándose a sus puertas.
Porque la niñez es el sueño de los adultos,
la dejamos atrás entusiasmados por crecer,
sin embargo, luego la lloramos
para que vuelva.
Es por eso que
la muerte también nos puede robar de la felicidad
lo que nuestras manos logran reunir.

Roma, 28/8/1994

Idris Tayeb (Libia)

Traducción Jona y Tobías Burghardt

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