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sábado, 23 de abril de 2011





La final


Una noche, tras la retransmisión de una final de fútbol en la tele, logré zafarme de los tentáculos de Morfeo, y, viendo que mi hija tardoadolescente pretendía salir a la calle a celebrar la victoria de nuestro equipo, intenté despertarla de la profunda narcolepsia de 625 líneas que aún padecía.

Pero, nada más iniciar el exorcismo, ella me soltó: Papá, tú es que no crees en nada.

Te voy a decir en lo que yo creo, respondí. Creo, por ejemplo, en esos jóvenes que hicieron sentadas, a mediados de mayo de 2006, reivindicando su derecho a una vivienda digna, y que fueron ferozmente asaltados por los antidisturbios, quienes detuvieron a una veintena de manifestantes, de los cuales nueve serán juzgados en octubre de este año… En esas cosas creo.

Cuando me pareció ver que sus párpados abrían una pequeña rendija por la que pasaba la luz, sonó su móvil.

Entonces ella se fue a deambular en coche tocando el claxon y gritando con todos aquellos sonámbulos que invadían las avenidas.

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