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viernes, 19 de agosto de 2011

el arcano gitano, Jack Hirschman





EL ARCANO GITANO

Querían quemarlos,
quemarlos a todos, quemar
la mugre acumulada desde
diciembre: bolsas plásticas,
cerros de spazzatura 2, basura de
casas, apartamentos, tiendas,
cafés, de un casino –la reina
de todas las marañas–, botellas vacías
y sucias de vino, de grappa 3 y fanta;
sobras de comida, de todo;
y el hedor por todas partes muriéndose
por hacer estallar las bolsas con
matices de hediondez y putrefacción
en donde nacen ratas que hurgan
mientras pasas en tu bicicleta:
hasta el fétido alcantarillado
contiene el aliento y se tapa
su nariz.

Oh, desperdicio de quienes desperdician,
así es Nápoles, en esto se convierte
cuando no hay más espacio en los
vertederos y no hay un gobierno
al que puedas ir a ver, así que mejor ve a ver
la versión que hizo Garrone de ‘Gomorra’,
la obra de Saviano, vadea la esquina
de la immondizia para llegar al cine;
es una película sobre el lugar en el
que estás ahora: en Nápoles, en un
poema sobre calles repugnantes en las
que con suerte despertarás mañana
sin una bala en tu cabeza,
te habrán confundido con Saviano,
por el agua sucia que derramó
sobre la Camorra 4, que permaneció
en una bolsa plástica, hasta acabar de podrirse,
putrina, putrina 5
abandonados en el bordillo de Via
Virginia Woolf, pues ella es basura como
el resto de la vida en Nápoles. Ahora, tras
la muerte obscena de la izquierda, que tal
vez esté en una de las bolsas que Anna Toglietti
anuda firmemente para tirarlas por la
ventana del primer piso sobre una pila
de basura allá abajo. El líder del país,
ese hidalgo de mierda, ese
Berluscabroni ridículo que viene con
Impy (su peluca implantada),
decretará que todos deben arder, que no
habrá regreso; y todos querrán hacerlos
arder –los trabajadores sin empleo,
los viejos, los niños pequeños, los chicos
de la Camorra, las pandillas de adolescentes– pero con
tanta estupidez, tan atolondrados por la cobardía que
ante el rumor de un supuesto rapto,

y por querer quemarlos a todos, quemarlos
y deshacerse de esas ratas que se multiplican,
se detendrán sobre los gitanos en los campamentos
de Via Ponticelli y Via Triboniano, y planearán
una masacre: los gitanos son basura,
roban y venden niños a
diestra y siniestra. Se oye un coro, una macedonia:
---“Massacriamoli!”, a esos sucios bastardos,
a todos ellos: cero campamentos de nómadas, cero
gitanos, cero tolerancia y los oídos sordos al
“Na viom cai dove vial tu/ da manga
tu rispeto,/ Viom duva ial tu ta manga tur
rispeto.” 6 Quema un ojo, un jakh; quema un oído, un khan;
quema una mano, una vast; quema una boca, una muj; quema
su nariz, su nakh. ¡Un samudaripen 7 gitano!
Que los enjambres de ratas salgan de la pestilencia.
Que salgan las serpientes nacidas en ese puzzo 8 bestial.
¿Quiénes son, sino aquel que tomó
el plástico y el que no lo ha hecho aún? Incluso
en la borgata 9 de Roma, Pigneto, tan querida
para Passolini, las pandillas lucen de nuevo
pañuelos con esvásticas: tanti inspiegabile e
ingiustificabile ferocita delle spranghe
di ferro 10, varillazos en la cabeza de los vendedores
de kebabs 11 –bengalíes, indios,

magrebíes– y árboles derribados sobre
Via Cuopo del Cane para hacer barricadas
y resistir la búsqueda evidente de chivos expiatorios,
una turba racista que viene a quemar a los gitanos
sin importar que muchos hayan nacido en Italia, sin
importar una mierda que trabajen y paguen impuestos,
ahora marcha con un triangulo negro y
una Z, pero no de Zero sino de Zingaro 12, en
sus mangas, en su corazones, en sus ojos, en
sus bocas, en sus mandíbulas apretadas

te recuerdan la aniquilación nazi de los gitanos
y puedes ver y escuchar como emerge
tras las pancartas del nacionalismo y
la baba inmunda que alega pureza de parte
de los constructores de murallas contra
el asilo y la inmigración, la vieja basura
racista, rancia y pestilente; la bazofia dicha por
el fascismo, velada tras supuestos
acuerdos comerciales con el gobierno o la provocación
de parte de gángsters fanáticos con hachas.
El muro que cayó en Alemania
nada era comparado con los
que se han alzado a lo largo de las fronteras
de Palestina y México, donde es claro que hoy
en día los gitanos son muchos pueblos y si ha de
haber algún futuro éste surgirá de los
basureros, donde están todos los pasaportes
del mundo, junto con los desperdicios de Nápoles.


Jack Hirschman

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