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martes, 16 de agosto de 2011






Indignación


Mentes perversas en los
templos e iglesias.
Obispos, curas,
frailes sin conciencia,
verdugos sin morada
rociados de odio
y amargura
proclaman la paz
en medio de la hambruna.
Gente honrada engañada,
doctrina de mi lengua
resquebrajada
pagaréis vuestra traición.

En medio del niño
y el pájaro
me senté a pensar observando
el temblor de mis manos,
reflexioné sobre esto y aquello,
sobre la sociedad podrida,
sobre este mundo impuro,
donde la necesidad es tan
extrema que no deja de dar
pie con cabeza;
y ahí, exactamente ahí,
siempre se encuentra la iglesia.

Pedir perdón,
donde no existe Dios.

¿Por qué?, me pregunté
mientras golpeé con fuerza
el cáliz de la vergüenza.

Pobreza
en tus catedrales e iglesias,
pues no,
así, sin más, que no,
que no hay leyes
sin violencia;
ni religión
sin guerras.

Allí, donde sale el sol,
expandiré boca arriba
la razón por la que escribo,
conjugación del altar
que ha ser destruido.
Hoy no me siento vencido.

Procederá la sed de venganza
y renacerá la esperanza bajo
vuestras sotanas,
curas, obispos, cardenales,
frailes, monjas, papas,
ojalá os hundáis en vuestra
propia mierda,
creada de motivos personales,
que por miedo a vomitar
no me atrevo a expresar.
Dejad de una puta vez
vivir a la gente en paz.

Recordando a Mario Benedetti
"¿Y si Dios fuera mujer?"...
¡Qué escándalo se armaría!


Antonio Lara, II Certamen de literatura atea, VV. AA., Biblioteca Social La Colmena, Tenerife, 2011

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