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jueves, 29 de septiembre de 2011

tres poemas de Imtiaz Dharker





ASESINATO DEL HONOR

Al final me quito este abrigo,
este abrigo negro de un país
que juré por años era mío,
que usé más por hábito
que por intención.
Nací portándolo,
me creí sin elección.

Me quito este velo,
este negro velo de una fe
que me hizo infiel
a mí misma,
que amordazó mi boca,
que dio a mi dios el rostro de un demonio,
y apagó mi propia voz.

Me quito estas sedas,
estos encajes
que alimentan los sueños de dictador,
el mangalsutra* y los anillos
tintineando en el vaso de lata de las necesidades
que me mendigaron.

Me quito esta piel,
y luego el rostro, la carne,
la matriz.

Vamos a ver
qué soy aquí dentro
cuando atraviese con esfuerzo
la cómoda jaula de hueso.

Vamos a ver
qué soy aquí afuera,
fabricando, urdiendo,
tramando
en mi nueva geografía.

*Collar que llevan las mujeres casadas



MUJERES BAÑÁNDOSE

Todas nuestras vidas, en cada ciudad,
fuera de cada paisaje
las aguas de la Alhambra
han estado murmurándonos.
Desde las fuentes, desde el curso de las aguas,
desde los secretos charcos en los patios,
voces llaman a través de los siglos.

Otras mujeres se bañan
a la luz de la luna.

“Vengan”, dicen, “Salgan del calor del día,
fuera de cuartos ensombrecidos, vamos a escapar y a escabullirnos,
que caigan los velos uno tras otro.
Deslízate hacia los charcos que yacen como espejos del cielo,
y que la luna inunde nuestros cuerpos".

Voluptuosas caderas, cuerpos exuberantes.
Cuerpos como granadas,
rebosantes de promesas.



DIRÁN, “ELLA DEBE SER DE OTRO PAÍS”

Cuando no puedo comprender
por qué incendian libros
o acuchillan pinturas,
cuando no pueden soportar mirar
la propia de desnudez de dios,
cuando prohíben la película
y destruyen las sillas para detener la obra
me pregunto por qué
sólo sonríen y dicen,
"Ella debe ser
de otro país".

Cuando hablo por teléfono
y los sonidos vocales se apagan
cuando las consonantes son duras
aunque deberían ser suaves,
ellos se darán de inmediato
lo determinarán enseguida
a su propia satisfacción.
Cloquearán sus lenguas
y dirán,
"Ella debe ser
de otro país".

Cuando mi boca suba
en lugar de bajar,
cuando porte un mantel
para ir al pueblo,
cuando sospechen que soy negra
o escuchan que soy gay
no se sorprenderán,
fruncirán sus labios
y dirán,
"Ella debe ser
de otro país".

Cuando termine las aceitunas
y escupa las semillas
cuando bostece en la ópera
en los fragmentos trágicos
cuando haga pipí en el viñedo
como si estuviese en Bombay,
ostentando mi culo desnudo
cubriendo mi rostro
riendo a través de mis manos
ellos darán la espalda,
sacudirán sus cabezas muy tristemente,
dirán,
"Ella no sabe algo mejor.
Ella debe ser
de otro país".

Puede ser que haya un país
donde todos nosotros vivamos,
todos nosotros fenómenos
que no estamos dispuestos a dar
nuestra lealtad a gordos y viejos tontos,
sinvergüenzas y matones
que portan el uniforme
que les da el derecho
a ondear una bandera,
inflar sus pechos,
poner sus pies en nuestros cuellos,
y quebrantar sus propias normas.

Pero de donde nosotros estamos
no parece un país,
sino las grietas
que crecen entre las fronteras
a sus espaldas.
Allí es donde vivo.
Y estaré feliz de decir,
"Nunca aprendí tus costumbres.
No recuerdo tu lenguaje,
ni conozco tus maneras.
Yo debo ser de otro país".


Traducciones de León Blanco

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